Directorio de
Mensajes
Directorio de
Comunicados de Prensa
Galería de fotos
de este Comunicado
7 de abril de 2005
 

PALABRAS DEL JUEZ ASOCIADO SEÑOR CORRADA DEL RÍO EN OCASIÓN
DE LA CEREMONIA DE SU RETIRO DEL TRIBUNAL SUPREMO DE PUERTO RICO
A PARTIR DEL 10 DE ABRIL DE 2005

Señor juez presidente, compañeros jueces asociados y juezas asociadas de este tribunal. Me uno al saludo protocolar del juez presidente.

En primer lugar, quiero agradecer profundamente las expresiones en esta memorable ocasión que han tenido a bien hacer todos aquellos que se han pronunciado con tanta generosidad y sinceridad.

Además, agradezco al personal de mi oficina por la colaboración, esfuerzo y dedicación con que se han desempeñado siempre. Quiero hacer especial mención a tres de los miembros de mi oficina que han laborado conmigo durante los nueve años, ocho meses y veintitres días que he ocupado la posición de juez asociado. Me refiero a mis dos secretarias Idalia Meléndez Orláng y Wanda Quiñones Soto y a uno de mis alguaciles, Miguel Hernández Martínez. También le expreso mi agradecimiento a Eriberto Vázquez y Carlos Vallescorbo, quienes se han desempeñado como alguaciles en mi oficina.

La labor de los jueces de este tribunal no podría ser tan efectiva si no contáramos con la ayuda y colaboración de los oficiales jurídicos. En el tiempo que llevo aquí, he tenido excelentes oficiales jurídicos cuya labor de investigación legal y redacción de memorandos y proyectos de opiniones y sentencias ha sido notable. A cada uno de ellos, incluyendo a los tres actuales, lcdo. Carlos Ruiz Irizarry, lcda. Liana Gutiérrez Irizarry y lcdo. Hans Perl Matanzo, vaya mi reconocimiento y agradecimiento. Igual reconocimiento hago a todo el personal del tribunal, incluyendo al secretario y las secretarias del tribunal supremo durante mi incumbencia, el juez francisco agrait lladó, la juez Isabel Llompart Zeno, la lcda. Patricia Otón Olivieri y la lcda. Aida Ileana Oquendo graulau, al director y miembros del panel central de oficiales jurídicos, al alguacil general edgardo vargas y todos los alguaciles de este tribunal, a todo el personal administrativo, al personal de mantenimiento y todos los que laboran en el tribunal, así como a la directora administrativa de los tribunales juez sonia ivette vélez colón y a sus antecesoras juez Mercedes Marrero De Bauermeister, la juez Lirio Bernal Sánchez y la juez Raquel Irlanda Blassini y el personal de la oficina de administración de los tribunales.

El artículo v, sección 10 de la constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico ordena el retiro obligatorio de los jueces cuando hubieren cumplido setenta años de edad. A tenor con ello, el 21 de enero de 2005 le notifiqué por escrito al hon. Aníbal Acevedo Vilá, gobernador de puerto rico, que por imperativo constitucional me retiro como juez asociado de este tribunal efectivo el 10 de abril de 2005.

Quede claro que no me voy por gusto o deseo de retirarme sino por cumplir con el juramento que tomé el 18 de julio de 1995 de mantener y defender la constitución. Espero, no obstante, que no para beneficio mio, sino para aquellos que puedan venir en el futuro a este alto foro, se considere enmendar la constitución para eliminar ese vestigio de discrimen contra las personas de mayor de edad.

Para mi ha sido un gran privilegio servir como juez de este tribunal por casi una década. Llegué a este alto foro luego de servir anteriormente por catorce años y medio como comisionado residente, alcalde de San Juan y secretario de estado respectivamente. En una ocasión alguien me preguntó cual de estos cargos me produjo la mayor satisfacción. Le contesté que cada uno de ellos me produjo la mayor satisfacción mientras lo desempeñé, por tratarse de distintas etapas de mi vida. Y, desde luego, debo puntualizar, que en la etapa de mi vida de los sesenta a los setenta años, he disfrutado mucho mi incumbencia en este tribunal, en un ambiente más reflexivo, mas introspectivo y mas calmado que en el ambiente de la política activa de etapas anteriores.

Debo decir que cuando cumplí cuarenta años me sentía como de treinta, cuando cumplí sesenta me sentía como de cincuenta y ahora que cumplo 70 años me siento como de 69 y medio.

Varias personas me han preguntado, ¿y ahora, que vas a hacer? ¿te dedicarás a la práctica de la abogacía? ¿Te dedicarás a la academia? ¿Te dedicarás al trabajo voluntario? ¿O a escribir tus memorias? Hoy les tengo una contestación categórica. Lo voy a consultar con la almohada! ¿Saben ustedes cual es la almohada? Es esa conciencia íntima que le lleva a uno a meditar mientras se reposa tranquilamente en la cama antes de conciliar el sueño. Les adelantaré, sin embargo, algo de lo que la almohada me ha transmitido.

En mi vida como servidor público he querido hacer “cosas grandes”. Aumentar los recursos para la educación de nuestros niños y jóvenes, mejorar los servicios de salud, aumentar el salario mínimo de los trabajadores, subir de tres millas a 10.35 millas la autoridad de Puerto Rico sobre los terrenos sumergidos en sus aguas costaneras, enmendar la ley de cabotaje para permitir que barcos de matrícula extranjera presten servicios de transportación marítima de pasajeros entre Estados Unidos y Puerto Rico, aumentar las plazas de jueces federales de tres a siete, construir el cdt mas moderno y completo al final de la calle Hoare en la ciudad capital, ofrecer al gobierno de Haití el asesoramiento del gobierno de puerto rico y en particular los recursos de la universidad de Puerto Rico para el mejoramiento de las condiciones educativas de los haitianos, importantes decisiones de este tribunal en el área del derecho de familia, del derecho administrativo, y otros. Ahora, quisiera dedicarme a “cosas pequeñas”. Brindarle mas tiempo y atención a mi querida esposa Beatriz, que siempre ha estado presente para respaldarme y ayudarme en el desempeño de mis deberes; para darle mas tiempo a mis hijos como adultos, que lo que les pude brindar como niños, por estar muy ocupado; para compartir mas con mis nietos Mayrita, Michael y Jamie; para disfrutar mas de la compañía de mi querida madre Ana María del Río viuda de Corrada, que a sus 94 años mantiene, gracias a dios, una claridad de mente excepcional; para visitar a mi tía Carmen Hortensia Del Río viuda de Machargo, que a los 95 años sigue suscrita al “osservatore romano” y que me repite la frase de Juan Pablo II “non aviate paura”; para disfrutar mas con mis trece hermanos, e incluyo a mi hermana Ana María, Ita., desde el cielo, disfrutar mas con ellos de las tertulias moroveñas; para hacer labor de voluntario en la iglesia y en la comunidad, para visitar y compartir con mis compañeros jueces y ex-jueces de este tribunal y con mis amigos, para escuchar las cuatro sinfonías de Brahms, los cinco conciertos de piano de Beethoven, la inconclusa de Schubert, los nocturnos y valses de chopin, las danzas de morel campos y la música campestre de las guitarras y cuatros de la familia Negrón del sector el Jobo de Morovis; los juegos de los Yankees de Nueva York, los leones del ponce y, si vuelven, los titanes de morovis. De estas “pequeñas cosas” espero disfrutar. Además, en todo lo que pueda ayudar a tres grandes empeños de mi vida: el status político de puerto rico, la justicia y el derecho y el fortalecimiento de los valores espirituales de nuestro pueblo. Y de ahí en adelante, todo lo que me diga la almohada.

Termino expresándome sobre un tema controversial. De vez en cuando, se acusa a este tribunal de actuar por consideraciones político-partidistas. Ello obedece a que de vez en cuando cuatro de los jueces y juezas nombrados al tribunal por gobernadores del partido popular democrático votan de una manera y tres jueces nombrados por gobernadores del partido nuevo progresista votamos de otra manera. Inmediatamente se piensa que ello obedece a razones político-partidistas. Este asunto me preocupa en términos de cómo se percibe la imagen de este alto foro. Ahora que me voy, quiero expresar mi modo de pensar sobre este tema.

Los miembros de este tribunal no somos dioses del olimpo que vivimos desvínculados del acontecer económico, social y político de nuestro pueblo. Somos sacados de ese pueblo para que, elevados a la función vital de hacer justicia, apliquemos el derecho en los casos y controversias que llegan ante nuestra consideración. Cada juez tiene una formación concreta y tiene una óptica o visión del desarrollo económico y social de nuestra sociedad y de la filosofía del derecho. Ello conlleva que con alguna frecuencia, no siempre, tendemos a coincidir cuatro jueces y tres jueces. Se asocia ese coincidir a cuestiones ideológicas de status político o de política partidista. En el tribunal supremo de estados unidos esas coincidencias se atribuyen a etiquetas de conservadores y liberales que se suelen estampar a los jueces según fueran nombrados por un presidente republicano o un presidente democrata. Etiquetas, por cierto, que son odiosas, ya que se puede ser conservador para unos asuntos y liberal para otros. De todas maneras, debo señalar que hoy le doy el beneficio de la duda a mis compañeros jueces y juezas nombrados por gobernadores del ppd y afirmo que sus opiniones y criterios responden a una óptica o visión de las cosas, a una mentalidad, que no necesariamente coincide con la mía, ni la mía coincide con la de ellos, pero ello no se debe a afiliación político-partidista sino a los dictados de la conciencia según su formación y valores. Para mi pido también ese beneficio de la duda. Digo más; digo que esa diversidad de formación y de criterios es saludable pues de ese choque se enriquece nuestra cultura jurídica y nada sería mas aburrido y tal vez peligroso que la mentalidad de los siete jueces de este tribunal fuese la misma. ¿qué donde está el balance? La contestación a esa pregunta le corresponde a las dos ramas de gobierno, la ejecutiva y legislativa, que constitucionalmente participan en el proceso de nombramiento de los jueces. Los jueces somos espectadores y no actores o protagonistas de ese proceso. Pero quede claro, que rechazo que las decisiones de este tribunal obedezcan a presiones político-partidistas ni a consideraciones político-partidistas, sino a la óptica o visión de cada juez de lo que es el derecho y la justicia.

Cuando llegué a este tribunal, me encontré con unos amigos; ahora que me voy le digo a federico, a frankie, a jaime, a efraín, a liana y a anabelle, que hoy los veo no solamente como amigos, sino como verdaderos hermanos. Que dios les ilumine para seguir haciendo justicia.