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Mensaje del Juez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico
En ocasión de la muerte del licenciado Luis Muñoz Rivera

La historia de los pueblos es como un vitral en el que cada vida, cada persona, es uno de los colores que lo componen y que vistos en conjunto producen una imagen hermosa que nos cautiva. A veces los colores de ese vitral adquieren matices oscuros, tonalidades opacas. Es cuando la historia de los pueblos se torna confusa porque carece de dirección. Otras, los matices son diáfanos, claramente distinguibles, como augurando un derrotero definido y prometedor.

Pero para que la belleza de los vitrales se manifieste con todo su esplendor, con tonalidades claras y definidas, necesitan luz. La luz que ilumina a los pueblos para que su belleza se manifieste plenamente, son sus líderes, quienes al darle dirección y encauzar su futuro, permiten que los pueblos alcancen su plenitud.

Hoy despedimos a una de esas personas que con su vida imprimió de colores diáfanos y prometedores la historia de Puerto Rico. Al igual que muchos otros, que con su trabajo enfrentaron los problemas de nuestro país, el licenciado Luis Muñoz Rivera respondió a la altura de los tiempos, reconociendo las posibilidades de nuestro futuro y procurando explorarlas a cabalidad.

El licenciado Luis Muñoz Rivera formó parte de una generación a la que le correspondió construir el Puerto Rico de hoy. Esa generación entendió que nuestro país es el producto del trabajo de su gente, y que la justicia, la libertad y la democracia no son meras aspiraciones y conceptos de la teoría política, sino más bien, metas alcanzables sólo con el trabajo y la dedicación continua.

A esa generación correspondió enfrentar los problemas sociales, económicos y políticos del Puerto Rico del siglo 20, ese Puerto Rico a veces convulso, a veces indefenso, pero lleno de esperanzas y de gente talentosa que colocaba los problemas del país por encima de su bienestar personal y que hicieron del servicio público una vocación de vida, en la que no había lujos, ni aspiraciones de reconocimiento o adulación personal, ni afán de enriquecimiento material. Sólo entrega desinteresada a cambio de la satisfacción que da el trabajo bien hecho. Esa generación vio sus más grandes gratificaciones personales en el respeto del pueblo y en cómo se iba forjando un país más justo. ¡Qué mucho hay que aprender de esa generación que conoció, porque lo vivió, el verdadero significado del sacrificio!

En el plano social, correspondió a la generación del licenciado Luis Muñoz Rivera enfrentar una sociedad con altos niveles de analfabetismo y carente de servicios de salud esenciales. En el plano económico le correspondió lidiar con la pobreza y con la evidente inequidad en la distribución de la riqueza. En el plano político le correspondió enfrentar las deficiencias del orden jurídico en una sociedad en la que era imperiosa la necesidad de un proyecto de futuro que contara con amplio apoyo de las masas y en el que principios jurídicos hoy firmemente arraigados, --como la separación de poderes, el respeto a los derechos fundamentales, el respeto a la voluntad popular--, eran incipientes.

Si hoy respetamos los ámbitos de autoridad que competen a cada poder gubernamental se debe en gran medida a los trabajos de aquéllos que esculpieron nuestra Constitución a la luz de los principios políticos más avanzados de la época. Si hemos avanzado en el respeto a los derechos individuales es porque quienes fueron llamados a redactar nuestra Constitución entendieron que la libertad de expresión, la libertad de asociación y el respeto a la intimidad individual eran derechos fundamentales para la convivencia civilizada. Si hoy nuestra democracia es fuerte es en gran medida porque quienes nos precedieron le imprimieron la vitalidad necesaria para que se fortaleciera.

A veces olvidamos esa historia y pensamos que nuestros derechos fundamentales siempre han sido respetados. Olvidamos que muchos fueron reivindicados a sangre y fuego por la verticalidad y la lucha de las generaciones que nos precedieron. A esas generaciones le debemos nuestra gratitud y nuestro compromiso de que emularemos su sacrificio, su compromiso, su verticalidad.

Nuestra Constitución no es un documento que meramente estructura un orden jurídico. La Constitución nos invita a que asumamos sus principios como una forma particular de vida. Allí donde dice que la dignidad del ser humano es inviolable, hay una invitación a que cada uno de nosotros vea en cada persona un ser merecedor de respeto. Allí donde dice que cada persona tiene derecho a igual paga por igual trabajo, hay una invitación a construir una sociedad más justa. Allí donde dice que el poder soberano emana del pueblo, hay una invitación a fortalecer las instituciones democráticas y a potenciar que cada puertorriqueño cuente con los recursos necesarios para aportar al cultivo de nuestras tradiciones democráticas.        

En el plano profesional correspondió al licenciado Luis Muñoz Rivera ser parte del grupo de escultores de esos principios. También le correspondió vivirlos desde sus distintos cargos: como servidor público, como director de la Fundación Felisa Rincón de Gautier, como miembro de la Comisión de Derechos Civiles, y como abogado respetado.
Procuremos que sus aportaciones perduren en nuestros recuerdos. Pero más aún, hagamos un compromiso de vida con su esfuerzo, con su ejemplo y con su lucha por una mejor sociedad.

A su hija Marya y a toda la familia Muñoz Rivera, nuestro aprecio y solidaridad y nuestros deseos de que las muestras de afecto de este pueblo y los frutos de la vida de Luis Muñoz Rivera sirvan de consuelo en estos momentos de dolor.

Comunicado de prensa
Juez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico expresa sus condolencias por el  fallecimiento de Luís Muñoz Rivera