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20 deagosto de 2007
 

MENSAJE

HON. FEDERICO HERNÁNDEZ DENTON
JUEZ PRESIDENTE
TRIBUNAL SUPREMO DE PUERTO RICO
JURAMENTO DE LOS NUEVOS ABOGADOS 

CENTRO DE CONVENCIONES DE SAN JUAN

      Muy buenas tardes.

      El Tribunal Supremo de Puerto Rico siempre celebra, con gran alegría, con entusiasmo, y con mucha esperanza, el juramento de los nuevos abogados y de las nuevas abogadas que se integran, de modos muy diversos, en el ejercicio de la profesión jurídica.

En mi nombre, en el de los señores Jueces Asociados señor Rebollo López, señor Fuster Berlingeri, señor Rivera Pérez, en el de las señoras Juezas Asociadas señora Fiol Matta y señora Rodríguez Rodríguez y en nombre de toda la Rama Judicial, les doy la más calurosa acogida y la más cordial bienvenida al ejercicio de la abogacía.  Les felicito por todos los sacrificios personales que les permitieron llegar hasta aquí.

      Con esta ceremonia culmina una jornada de estudios y esfuerzos, y se abre un camino de nuevas experiencias personales y profesionales.  El éxito alcanzado por ustedes es también un logro para todos aquellos que les han apoyado en sus estudios y que han participado de una manera u otra de los sacrificios que ello representa.

      Ingresan hoy a una profesión de larga tradición y compromiso con el cumplimiento de la ley, la búsqueda de la  justicia y el apego a  los más altos valores humanistas.  Esta es una profesión que, a lo largo de las décadas y los siglos, ha sido puntal en la consolidación del sistema democrático que disfrutamos en nuestra sociedad.

      Por la trascendencia que tiene para la profesión que habrán de ejercer, es apropiado destacar cuáles son algunos de los requerimientos que a partir de hoy se imponen sobre cada uno de ustedes; y que el destacado jurista uruguayo Eduardo J. Couture recogió en su obra Los Mandamientos del Abogado. Repasémoslos:

  1. ESTUDIEN- El derecho se transforma constantemente. Si no siguen sus pasos, serán cada día un poco menos abogado.
  2. PIENSEN-  El derecho se aprende estudiando pero se ejerce pensando.
  3. TRABAJEN- La abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de la justicia.
  4. LUCHEN- Es deber de ustedes luchar por el derecho, pero el día que encuentren conflicto entre el derecho y la justicia, luchen por la justicia.
  5. SEAN LEALES- Leales con su cliente, con el adversario, con los tribunales.
  6. TOLEREN- Toleren la verdad ajena en la misma medida en que quieren que sea tolerada la suya.
  7. TENGAN PACIENCIA- El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.
  8. TENGAN FE- Fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia, y sobre todo, tengan fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, justicia, ni paz.
  9. OLVIDEN- La abogacía es, muchas veces, una lucha de pasiones. Si cada batalla fuera cargando su alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ustedes. Concluido el combate, olviden pronto tanto su victoria como su derrota.
  10. POR ÚLTIMO, AMEN SU PROFESIÓN- Traten de considerar la abogacía de manera tal que el día en que su hijo o hija le pida un consejo sobre su destino, consideren un honor proponerle que sea abogado o abogada.

Ser fiel a estos postulados en ocasiones exigirá de ustedes grandes sacrificios. Requerirá que subordinen sus preferencias personales a principios éticos de mayor trascendencia.

      Hoy, como otras veces en el pasado, la sociedad puertorriqueña atraviesa por momentos que parecen desafiar la base misma de sus cimientos éticos. Diariamente nos enfrentamos a situaciones de todo tipo que podrían abonar a la confusión sobre cuál ha de ser el  proceder correcto de ciertos grupos profesionales en quienes el pueblo puertorriqueño ha depositado un alto grado de confianza.

      Es motivo de preocupación para todo el país que en algunos sectores se ha generalizado un conjunto de prácticas y actitudes que el ex Decano Efrén Rivera Ramos ha denominado la “cultura de la deshonestidad”.
      Todos los aquí presentes tenemos la responsabilidad de evitar que nuestra profesión adopte este tipo de actitudes y dinámica que socava tan profundamente la confianza del pueblo en sus instituciones.

      Para evitar caer en ello, es imprescindible que recordemos los postulados éticos de nuestra profesión, dejemos constancia de su rigor y le reafirmemos al País la certeza de que sus abogados y abogadas son profesionales de primer orden, con credenciales inexpugnable que así lo constatan.

      Ustedes conocen por experiencia propia que ser abogado en Puerto Rico exige disciplina, esmero, estudio, dedicación y responsabilidad.  Como aspirantes al ejercicio de la abogacía, ustedes fueron sometidos a un escrutinio riguroso, tanto de sus conocimientos como de su persona. Su  solicitud de examen de reválida fue cabalmente evaluada por el personal de la Junta Examinadora de Aspirantes al Ejercicio de la Abogacía y la Notaría para corroborar que, en efecto, poseían la educación mínima requerida para ejercer como abogados y abogadas. Además de ello, fueron sometidos a un procedimiento intenso de certificación profesional, cuya primera fase consistió de dos días y medio de examen.

      Es menester recalcar que este examen se confecciona, se administra y se corrige siguiendo estrictas medidas de seguridad y confidencialidad. Ustedes son testigos del trabajo que ejecutaron alrededor de cuarenta alguaciles del Tribunal General de Justicia para corroborar la identidad de los aspirantes, evitar la introducción de materiales ajenos a la reválida y garantizar la seguridad en la administración del examen.

      De igual modo, las respuestas al examen son corregidas por abogadas y abogados experimentados, quienes siguen procedimientos meticulosos para garantizar que en todo momento el aspirante permanezca en el anonimato garantizando el mismo trato para todos. Asimismo, la adjudicación de los exámenes es el producto de la aplicación de parámetros estadísticos y de medición, cuya efectividad ha sido evidenciada en otras jurisdicciones de Estados Unidos. En esa tarea, hemos recibido el valioso asesoramiento del prestigioso consultor, académico y estadístico, Dr. Stephen Klein y de profesionales muy destacados en el campo de la psicometría y estadística de Puerto Rico, entre ellos, la Dra. Sonia Santiago Becerra, quien lleva laborando en la Junta Examinadora aproximadamente 15 años.  Todo Puerto Rico puede tener la certeza de que ustedes, así como todos los abogados que aprobaron la reválida poseen el nivel de conocimientos y destrezas necesario para ejercer la abogacía.

      Una vez aprobado el examen, ustedes pasaron por el crisol de la Comisión de Reputación para el Ejercicio de la Abogacía. Su carácter, reputación y probidad fueron, igualmente, objeto de evaluación, pues no sólo es importante conocer el derecho, sino ser íntegros al ejercerlo. 

      En fin, esta certificación que reciben oficialmente ustedes hoy es evidencia de sus sacrificios, sus conocimientos y su reputación. De ahí el valor tan alto que ostenta, el cual ustedes rubrican con este juramento de lealtad y adhesión a unos principios éticos, que son esenciales y universales para todos los que practicamos esta honrosa profesión.  
Nuestro pueblo debe tener plena confianza en que cuenta con una clase togada de la más alta excelencia y calidad profesional y humana, presta a satisfacer los requerimientos por servicios de la sociedad puertorriqueña con la mayor inteligencia, dedicación y pulcritud.

      Además, debe quedar bien claro que este Tribunal Supremo, aplica y aplicará las sanciones disciplinarias más enérgicas a todo abogado o abogada que se aparte de los Cánones de Ética Profesional.  Así lo hemos hecho en el pasado y no titubeáremos en hacerlo en el futuro.

      Para la Rama Judicial es fundamental contar con abogados y abogadas de alto calibre.  Tenemos ante nosotros una agenda cargada y compleja de asuntos que requieren nuestra atención.  Así podremos cumplir con nuestro objetivo principal  de garantizar el pleno acceso a la justicia a todos los ciudadanos de Puerto Rico con la mayor agilidad y rapidez dentro de un marco de transparencia, responsabilidad y sensibilidad hacia todos los que reciben nuestros servicios.

      Al asumir la Presidencia del Tribunal Supremo en agosto de 2004, encomendé a un distinguido grupo de puertorriqueños y puertorriqueñas la responsabilidad de preparar un Plan Estratégico de la Judicatura para el nuevo Siglo. Ese grupo de trabajo, tras múltiples reuniones en las que participó un amplio sector de la comunidad jurídica, plasmó su esfuerzo en el nuevo Plan Estratégico de la Rama Judicial 2007-2011, que próximamente divulgaremos.  Dicho Plan incluye los lineamientos que darán dirección a nuestro trabajo durante el próximo lustro así como áreas medulares, que hemos llamado imperativos estratégicos.  Éstas son: fortalecer la independencia judicial, mejorar la administración de la justicia, garantizar el acceso a la justicia, desarrollar la competencia y capacidad del capital humano de la Rama Judicial y propiciar el fortalecimiento institucional y de sus estructuras de apoyo.

      La planificación estratégica en la Rama Judicial se estructura con la adopción de un proceso dinámico cuyo fin principal no es la publicación de un documento sino la participación y el compromiso de los diferentes componentes del sistema de justicia.  Éste toma en consideración las necesidades de los usuarios de los tribunales.  En ese proceso, ustedes, abogados y abogadas habrán de ser nuestros colaboradores en el proceso de encaminar el cumplimiento de este Plan hacia el fortalecimiento que honre la confianza que el pueblo puertorriqueño nos ha depositado.

      Estoy seguro de que, con la inteligencia, la determinación, la integridad, el esfuerzo y la buena voluntad de todos y todas lograremos consolidar los cimientos de la obra de justicia que Puerto Rico se merece.
Reciban nuestros más cálidos parabienes y una bienvenida sincera a esta noble profesión que tanto nos exige y que tanto nos da. Les invito a ser siempre dignos del reconocimiento, el honor y la responsabilidad de llamarse abogadas y abogados puertorriqueños.

Nuestras más sinceras felicitaciones.  Invito a todos los presentes a felicitar a los nuevos abogados y abogadas con una fuerte ovación.

 

 

Comunicado de Prensa