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12 de septiembre de 2007
 

MENSAJE 

HON. FEDERICO HERNÁNDEZ DENTON
JUEZ PRESIDENTE

MENSAJE
PRESENTACIÓN DEL LIBRO
LA JUSTICIA EN SUS MANOS, HISTORIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE PUERTO RICO

 

Centro de Bellas Artes
Sala René Marqués
12 de septiembre de 2007

 

Buenas noches.

      Se ha dicho, ya muchas veces, que el conocimiento del pasado es indispensable para conocer el presente. Y estas palabras, tan acertadas, conviene repetirlas y reiterarlas en este acontecimiento que celebramos hoy. El Tribunal Supremo de Puerto Rico es, hoy día, una consecuencia de su pasado. Su presente está irremediablemente vinculado con su futuro.

      La justicia en sus manos, este excelente trabajo del Prof. Luis Rafael Rivera, esta Historia del Tribunal Supremo de Puerto Rico, que es precisamente el subtítulo de la obra, será muy útil para conocer el Tribunal Supremo como institución y para conocer a cada uno de sus Jueces y a cada una de sus Juezas.

      El estudio de la historia ajusta saldos y balances. Por eso hay que considerar que en el ajuste de cuentas el resultado es este libro que se trata de un homenaje que se rinde al Tribunal y a los hombres y a las mujeres que lo han integrado; un homenaje a su entrega, al gran servicio que han prestado a sus compatriotas, a la aportación encomiable que significa su contribución al desarrollo del derecho patrio.

      La historia del Tribunal Supremo, tal como afirmo en la presentación que está en el texto, es, en gran medida, la historia de nuestro pueblo.  El Tribunal ha contribuido, durante más de un siglo y medio, al desarrollo de las ideas y a la evolución de las instituciones del Derecho y la Democracia.  No ha sido la voz de un solo hombre ni la de una sola mujer.  La fuerza y la eficacia de la labor realizada han dependido, afortunadamente, de haber actuado y de haberse manifestado como lo que es:  un tribunal colegiado.

      Durante los ciento setenta y cinco años de su existencia, el Tribunal, en su dinámica interna, ha dejado de ser un cuerpo tímido, y hasta sumiso. Se ha convertido en una institución democrática, muy consciente de su fuerza y de su poder dentro del sistema de pesos y contrapesos. Esta dinámica trasciende y, en consecuencia, el pueblo de Puerto Rico atisba en el Tribunal a un curador de males de muchos tipos, a un facilitador de avances significativos, a un defensor de los derechos fundamentales.

      Así, en la medida que el Tribunal trabaja y aporta, se afinca en la conciencia colectiva, y en la sensibilidad cultural del pueblo, una nueva imagen de sí mismo, una nueva imagen que, según avanza, es cada vez mucho más rica y enriquecedora.

      De ahí que el respeto que nuestro pueblo le prodiga al Tribunal Supremo no es el de la imposición por la fuerza. Es, más bien, el respeto a una institución que se ocupa y se preocupa por el bien común. En consecuencia, su función como intérprete último de la Constitución, y de las leyes, es un rol que desempeña serenamente, tanto por la disposición constitucional que procede de un pacto social, como por la autoridad que el mismo pueblo, diariamente, le reconoce y le otorga.

      Este libro que hoy se presenta a la comunidad jurídica, y a todo el pueblo de Puerto Rico, atiende una gran necesidad. No teníamos, hasta ahora, un estudio articulado que narrara el devenir histórico del Tribunal desde su génesis, a mediados del siglo XIX, hasta nuestros días. Por supuesto que se ha estudiado mucho su trabajo jurisprudencial, sus sentencias, sus opiniones y la trascendencia jurídica de sus fallos. Pero no teníamos una fuente en la cual pudiera encontrarse una historia del Tribunal, un relato ajustado a los requerimientos de la ciencia historiográfica. No teníamos un depósito que guardara las biografías de los Jueces y de las Juezas.

      Tampoco contábamos con un estudio que relacionase el desarrollo integral del Tribunal, no sólo de sus opiniones, con las demás corrientes y los demás sucesos de la historia de Puerto Rico. Por eso resulta indudable que esta primicia historiográfica no se agotará en sí misma. Estoy seguro que se convertirá en una fuente inspiradora y obligatoria para la realización de nuevos trabajos y de nuevas reflexiones en torno al quehacer que, históricamente, ha realizado el Tribunal.

      El autor de La justicia en sus manos se pregunta cuáles han sido las contribuciones del Tribunal Supremo a la vida democrática del país. Y a continuación afirma que esa interrogante no debe contestarla él. Pide, para ello, el auxilio de sus lectores y de sus colegas. Ocurre, sin embargo, que el autor, como buen intelectual, no tiene por qué comprometerse con respuestas definitivas. La realidad es que enumera ciertas contribuciones que, aunque no sean definitivas, no dejan de ser suficientes para tener una idea de la trascendencia institucional del Tribunal. Reporta, nuestro historiador, que el Tribunal recibe el respaldo del pueblo porque éste lo percibe: como un “reducto de cordura”, como un foro que ha dado importantes pasos en la vindicación de los derechos, en alcanzar un trato igualitario para los hijos, en confirmar el derecho del pueblo a conducir sus procedimientos judiciales en su lengua propia; en la consagración de la intimidad y del debido proceso, en la firmeza de los derechos políticos de las minorías, en la condenación del “carpeteo” y de la persecución discriminatoria.

      Se trata, pues, de una contribución importantísima, aunque no sea definitiva. Y no puede ser una aportación definitiva porque, como señala el mismo autor, en este momento el Tribunal tiene que atender los retos que presenta el nuevo siglo.

      Atender tales retos requiere la sintonía con el espíritu del nuevo milenio. Y, precisamente, la historia nos indica que el Tribunal, por la manera que ha enfrentado los retos de su misión democrática y constitucional, es causa y efecto de las notas esenciales del nuevo milenio. Por eso sentimos la confianza de que podremos atender, acertadamente, lo que nos corresponda atender.

      La historia del Tribunal es la historia de su trabajo, sus aportaciones, sus oportunas y acertadas abstenciones, y sus iniciativas en los momentos cuando el País ha necesitado una Rama que encare y atienda los problemas presentes.  Es lógico pensar que su trayectoria se definirá por su voluntad para enfrentar los retos futuros.

      Las aportaciones del Tribunal no dependen sólo de quienes lo integramos.  Estamos preparados para afrontar cualquier llamada y exigencia de justicia que nos haga el Pueblo, siempre dejándonos guiar por los postulados consagrados en nuestra Constitución.

      Confío en que aprovechemos este trabajo para pensar y reflexionar sobre nosotros mismos, nuestras instituciones y nuestros problemas, para proyectarnos, con esperanza, hacia el futuro.  Para eso se estudia la Historia:  para crear conciencia y pensar; para actuar y crecer, para ser mejores: y para que nuestros hijos puedan descubrir, con orgullo, el mérito de nuestros esfuerzos y de nuestras contribuciones desde el estrado.

      Agradezco, pues, este esfuerzo tan valioso del Prof. Luis Rafael Rivera, así como la presentación tan elocuente que nos ha obsequiado la Prof.ª Mercedes López-Baralt. Agradezco también, la gestión tan importante de la Fundación Histórica del Tribunal Supremo de Puerto Rico, quien diligenció la contratación, la edición y la publicación de la obra y quien tiene grandes proyectos para seguir divulgando la historia del Tribunal.

      Un reconocimiento especial se merece el Presidente de la Fundación, Lic. José Rodríguez Garrido, el Sr. Jorge Marchand, Director Ejecutivo y los miembros de la Fundación.  Valoramos la aparición de esta obra y apreciamos la dedicación y el compromiso de todos ellos con nuestra Institución.

      Y agradezco, muy especialmente, la presencia de cada uno de ustedes.  Su participación en este acto constituye un reconocimiento importante de lo que el Tribunal ha sido hasta hoy y un compromiso de acompañar y de contribuir a que el Tribunal continúe construyendo un futuro más democrático para el pueblo; para este pueblo de Puerto Rico, quien nos ha llamado a cumplir la difícil misión de hacer justicia y de ampliar, en su historia, la puertorriqueñidad de nuestro derecho.

      Muchas gracias.

 

 

Comunicado de Prensa