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5 de diciembre de 2007
 

HONORABLE FEDERICO HERNÁNDEZ DENTON
JUEZ PRESIDENTE
TRIBUNAL SUPREMO DE PUERTO RICO

EN MEMORIA DEL
HONORABLE JAIME BENITO FUSTER BERLINGERI

 Hace exactamente un año tuvimos la triste encomienda de recibir aquí en este Tribunal, ya fallecido,  a don Hiram Torres Rigual.  Hoy volvemos a vivir un momento de gran desconsuelo.

La inesperada partida del querido amigo y compañero Juez, Jaime Fuster Berlingeri, nos causa una profunda tristeza y una nostalgia que evoca los años que juntos compartimos. Aunque su paso por el Tribunal Supremo se nos hace corto, su legado como académico, jurista cabal y puertorriqueño completo, lo elevan a las mentes de muchos que le conocieron, de tantos que aún le apreciamos.

En la historia del Tribunal Supremo de Puerto Rico, sólo cinco jueces han tenido que partir de manera súbita a atender una gestión superior: Don Carlos Franco Soto, en 1927; Don Jacinto Texidor y Alcalá de Olmos, en 1931; Don Ángel de Jesús Sánchez, en 1951;  Don Armindo Cadilla Ginorio, en 1975 y ahora Don Jaime Fuster Berlingeri, en el 2007. Significativamente, todos tienen en común su fino intelecto, su respeto por la ley y su devoción al servicio de su Patria.

El gran pensador español, Don José Ortega y Gasset, advierte que más de dos terceras partes de lo que somos depende de dónde y cuándo nacemos. Es posible que esta postura encuentre adeptos como muy bien puede producir inconformidades. Sin embargo, nos ayuda a comprender mejor la figura de este distinguido puertorriqueño que hoy nos abandona.

Hay que consignar que el Juez Asociado Fuster Berlingeri nació en 1941, en medio de la Guerra que tantos sufrimientos causó a Puerto Rico y al mundo entero. Tuvo la suerte, en consecuencia, de vivir el escenario de la posguerra: una vida de dolores e ilusiones, de derrotas y esperanzas, de un comienzo nuevo para un mundo nuevo. Así se cuajó el espíritu que lo movió por los senderos de la patria y del mundo para buscar alternativas.

El Juez Asociado Fuster Berlingeri siempre se destacó por su rigor como académico y ser humano. En las Escuelas de Derecho de las Universidades de Puerto Rico y de Columbia, y en tantas otras aulas, despuntó de inmediato como el estudiante consumado que luego todos conocimos. Desde muy temprano siguió el llamado de la academia y del servicio público, uniéndose a la Facultad de su propia Escuela de Derecho, donde unos años después fungió como Decano.

Aparte de ser un académico se destacó en las más altas esferas de la administración de la justicia: primero como Subsecretario Auxiliar de Justicia en los Estados Unidos, luego como Comisionado Residente en Washington. Todos conocen de su entrega y vocación de servicio en esas posiciones. Recordamos, también, su sólida formación humanista; su naturalidad en el manejo de las controversias más complejas; su liderato innato.

Años después, llega a su última casa: el Tribunal Supremo de Puerto Rico. No es éste el momento para adentrarnos en las profundidades de su contribución judicial. Sin embargo, hay que destacar su gran celo por el desarrollo del derecho puertorriqueño y por la consistencia en las posiciones adoptadas con el pasar de los años, lo que demostró una vocación por los temas de derecho constitucional, derecho laboral y los derechos civiles.

En todas nuestras reuniones de Pleno, donde teníamos la oportunidad de compartir con el Juez Asociado Fuster Berlingeri, muchas veces coincidíamos con sus posturas, en muchas otras disentíamos de ellas.  Ahora bien, tal y como señala su compañera de clases de escuela elemental y superior, Milagros Pérez Pietri,  en una columna publicada hoy en El Nuevo Día:

“disentir no significaba desamar”. Luego de contender sobre diferentes temas con los compañeros, a veces acaloradamente, pero siempre bien documentado, se terminaba la porfía y venía la broma, la risa y crecía la amistad.
El Juez Asociado Fuster Berlingeri siempre tuvo presente el valor de la democracia y lo inseparable que ésta es de un buen sistema de justicia, fue baluarte de la carrera judicial, de los menos afortunados y del reconocimiento amplio de los derechos civiles y humanos de nuestro Pueblo. El Juez Asociado Fuster Berlingeri marcó los corazones de una cantidad incontable de personas, de mujeres y de hombres que nunca conoció, pero que en sus decisiones los llevó consigo.

A pocas horas de su muerte, recibí un correo electrónico de su sobrina Ana María. Me decía lo siguiente: “estoy confundida y dolida, [él] era inteligente, cariñoso y divertido.... Siempre lo admiré.” Así estamos todos, sorprendidos y dolidos.

La Rama Judicial, y en particular el  Tribunal Supremo, lamentan la muerte del Juez Asociado Fuster Berlingeri. Fue un jurista probo, conocedor del derecho y de sensibilidad ejemplar. Se curtió en una generación de puertorriqueños que antepuso los intereses públicos sobre los intereses particulares, aun cuando hacerlo conllevara grandes sacrificios personales, y que reconoció que la transformación de nuestro pueblo requiere de trabajo, de entrega, de valor y de sacrificio.

Esa dedicación, esa entrega y ese compromiso con el servicio público del Juez Asociado Fuster Berlingeri, fueron virtudes que lo acompañaron durante su vida, y que hoy, tras su muerte, serán extrañadas por todos los que con él compartimos. El Tribunal Supremo pierde uno de sus jueces más laboriosos y comprometidos. Puerto Rico perdió a uno de sus más ilustres juristas, que mientras vistió la toga del quehacer judicial, procuró dejar tras de sí un país más justo.

Su espíritu era indomable, fogoso y apasionado. Ahora que ha partido a otra jornada, nos deja el recuerdo de lo que sólo una persona con un profundo sentido de compromiso con su país y con la justicia puede lograr.

Expresamos nuestras sinceras condolencias a su esposa Mary Jo Zalduondo; sus hijos María Luisa y Julio, Jaime Juan y Macie, sus nietos Julio Jaime, Jaime Ernesto y Claudia Elena; su madre María Luisa B. Vda. de Fuster; sus hermanos Jaime Luis y María José, Ivonne, Roberto y Maribel, Franklin y Alicia, Virginia y Luis Alberto y demás familiares. Que los frutos de una vida productiva, de servicio al país, sirvan de aliciente reconfortante en estos momentos de dolor.